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Sónar 2018: la crónica de #HC

Las bolas de espejos esconden la magia

23 junio, 2018 / Vitor P

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Texto: Vítor P

Fotos: Hüugen Dazs

Los maestros Ryuichi Sakamoto y Alva Noto pusieron el broche de oro a la edición de 2018 del festival Sónar en una actuación estelar que se llevó a cabo en el Teatre Grec de Barcelona con su majestuoso anfiteatro y al aire libre.

Se ponía de este modo punto y final a la celebración del 25 Aniversario del festival Sónar de Barcelona, una edición en la que se batieron records de asistencia, con 126.000 personas llegadas de diferentes partes del planeta (64.000 diurnas y 62.000 nocturnas—, de las cuales un 54% provienen de España y un 46% del extranjero), la cifra más alta de la historia del festival.

Sónar se ha convertido con el paso de los años en la marca global más importante del mundo dedicada a la divulgación de la música de vanguardia y el arte multimedia, apostando en cada nueva edición por servir de altavoz a los nuevos sonidos de la electrónica y por dibujar el futuro explorando cómo la creatividad modifica nuestro presente, colaborando para ello con destacados artistas, tecnólogos creativos, músicos, cineastas, diseñadores, pensadores, científicos, emprendedores, makers y hackers.

Sónar es cada año una experiencia fascinante y muy reveladora, transcendiendo el significado de “festival de música electrónica” para convertirse en algo dogmático, y tal y como revelaba hace ahora 15 años uno de sus co-directores, Enric Les Palau “el festival se reinventa un poco cada año”.

Pero lo cierto es que Sónar no necesita hacer cambios demasiado bruscos para congregar a cientos de miles de asistentes y seguir alargando su historia de éxitos en comunión con la música de vanguardia y el arte multimedia, pues así lo lleva haciendo un cuarto de siglo desde aquella primera edición del año 1994 que tuvo lugar en el CCCB y en la Sala Apolo los días 2, 3 y 4 de junio, congregando a casi 6000 asistentes y 120 artistas participantes (entre los que estaban Esplendor Geométrico, Holger Czukay, Cesar de Melero, Trans-Global Underground, Atom TM, Sven Vath y Laurent Garnier, entre otros).

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Sónar: de pionero a marca global

Siempre se habla de la euforía post olímpica en Barcelona para acercarse al germen del nacimiento del festival Sónar, pero lo cierto es que Barcelona desde los años 70 ya era caldo de cultivo de músicos experimentales y artistas multimedia que trabajaban en el más absoluto underground.

Sería tras la celebración del primer Art Futura en 1991 y el primer BAM (Barcelona Acció Musical) en 1993 cuando Advanced Music y sus directores artísticos Enric Les Palau, Sergi Caballero y Ricard Robles crearon la marca Sónar con el fin de difundir los nuevos lenguajes musicales de la escena electrónica en todas sus tendencias (ambient, techno, house, jungle, EBM…) además de apostar por la creación audiovisual y el arte multimedia.

Asó nació el Festival de Música Electrónica y Arte Multimedia de Barcelona, que tomaba su nombre del sónar, un detector electrónico de sonidos cuyo objetivo, en este caso sería el de captar todo tipo de tendencias musicales de vanguardia dentro de la música electrónica.

Con el paso de los años Sónar ha ido creciendo a través de diferentes espacios distribuidos por la ciudad como la Sala Apolo, el Poble Espanyol, el Pavelló de la Mar Bella, Montjuic 2, el MACBA, el CCCB, hasta los espacios actuales en la Fira Montjuïc y la FIRA Gran Vía.

Desde 2002 la marca Sónar se ha dibujado en otras ciudades diferentes a Barcelona, como Londres, Tokyo, Hamburgo, Buenos Aires, São Paulo, Reykjavík, Estambul, Hong Kon o Copenhagem, además de crear otra marca global como es la actual Sónar +D –heredera de Sonar Pro– que es el congreso internacional de cultura digital, que constituye un evento paralelo que se integra dentro del propio Sónar.

Sónar es hoy en día una marca global, un símbolo.

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Sónar heterodoxo, global y también purista: lo mejor de 2018

Dentro de la variada oferta musical que ofrecía este año Sónar había lugar para los ritmos urbanos más vanguardistas, para el hip hop más puro, para el house y la disco music de sabor primigenio, para el techno subterráneo, para el dubstep, el 2step, el grime, el flamenco, el soulful, el electro, el funk, el pop, el ambient y para un sinfín de etiquetas y subetiquetas.

Varios han sido los shows que nos han dejado ese gran poso que aún podemos saborear hoy, esos shows que quedarán grabados en nuestra retina durante muchos años al estilo de los Orbital en 1995, Dr. Rockit en 1997, MAW en 2001, Björk en 2002, The Chemical Brothers en 2005, LCD Soundsystem en 2010, Dj Rashad, Dj Spinn & Lite Buld en 2012 o Evian Christ en 2015.

Lo mejor para nosotros este año han sido sin duda los shows de Clip & Cora Novoa, Óscar Mulero, Kode9 x Köji Morimoto, Pina & Gnomalab, Sinjin Hawke & Zora Jones, Undo, LCD Soundsystem, Emma-Jean Thackray’ y los espectaculares shows que tuvieron lugar debajo de las bolas de cristal: DJ Harvey en SónarCar y DESPACIO en SónarDía.

El show en directo del productor catalán Clip (alias del ex-alumno de la Red Bull Music Academy Edu Tarradas) junto a la artista gallega Cora Novoa no dejó a nadie sin una buena dosis de sudor en sus cuerpos y de salir del dôme con la sensación de haber presenciado uno de los directos más brutales que se recuerdan en la zona de las cortinas azules desde que Sónar se mudara al espacio de la Fira Montjuïc.

Con un Dôme hasta la bandera (en el que este año no entraba ni gota de luz del exterior) y los dos productores con mucha cacharrada pesada (sintes, módulos de efectos, modulares analógicos, etc…), los 50 minutos del live no tuvieron ni un momento de descanso y desde el comienzo dejaron claro que las frecuencias bajas, los bombos pesados y los beats marcianos serían la tónica de todo el ive.

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Compenetrados de forma magnífica, los dos no dejaban de manipular a modo de jam session cada uno de los knobs y faders de sus cacharros, hablando, haciéndose guiños y soltándose a bailar cuando la liada en la pista era digna de una mañana de San Mateo en La Real de Oviedo.

Asperezas en clave techno marciano, golpes de bombo que te dejaban el pecho hundido en la moqueta y secuencias hipnóticas hicieron que el ambiente se caldease a cada minuto, hilando tracks con una facilidad asombrosa e improvisando como si una banda de free jazz se tratase.

Con la publicación hace pocas fechas de su disco de debut titulado Magnetic Reconnection en el label de la propia Cora, Clip dejaba atrás sus primeras producciones en tonos sedosos para acercarse a ambientes crudos de techno visceral y alienígena, arropados por líneas metálicas afiladas de aspecto hipnótico, tal y como disfrutamos como si no hubiese un mañana en su directo en el Dôme.

Otro de los grandes de nuestra escena, quizá el más grande de todos los tiempos, el productor madrileño Oscar Mulero presentaba en el Hall su último proyecto en formato A/V live titulado Monochrome, una nueva experiencia audiovisual en directo (en colaboración con los artistas visuales Nazare Soares y Javier Bejarano), una combinación de entornos hardware y software que incluía imágenes ásperas, sintetizadores arcaicos, cajas de ritmos caleidoscópicas y múltiples efectos.

Drones metálicos, ritmos procesados y estructuras angulares de minimalismo techno, arpegios sintéticos, armonía de sabor industrial, percusión filtrada, bleeps candentes y pads melódicos nos hicieron volar durante 60 minutos, ofreciendo giros y texturas ambientales con las que se acercaba a la mejor IDM británica de finales de los 90, pero sin dejar de abastecerse de un pulso technoide muy acusado que se revelaba espritual a la vez que orgánico.

El productor escocés Steve Goodman alias Kode9, fundador del sello Hyperdub y referente en la expansión del dubstep y otras sonoridades de sabor british ofreció en el Dôme un show memorable junto al maestro japonés del Anime Kōji Morimoto (animador japonés de películas como “Magnetic Rose” y “Dimension Bomb”), quien mostró a través de dos grandes pantallas toda su parafernalia visual en clave ciber-punk, mientras Kode9 se inspiraba en la música japonesa de los videojuegos para enlazar de forma magistral tracks en clave uk rave, hardcore, 2step, drum’n’bass e incluso pinceladas de footwork.

Tonalidades retro noventeras, rascacielos infinitos y figuras planas nos hipnotizaban a la par con los numerosos tracks que Kode9 mezcló durante los 45 minutos que duró su actuación.

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El productor catalán Pedro Pina nos deleitó el sábado en el Hall con las composiciones de su nuevo trabajo, un disco titulado Lärm que este mismo mes se publica a través de la plataforma barcelonesa Lapsus Records.

Pina es todo un referente del underground en la ciudad condal y siempre ha estado emparentado con el lado más experimental de la música electrónica, apostando en su actuación en Sónar por aunar ese concepto experimental con otro más pistero que se transformó en los primeros bailes de la última jornada del festival y que terminó por hacernos botar a ritmo de techno elegante y cerebral. Para la ocasión estuvo acompañado del artista visual Gnomalab, alias de Juanjo Fernández miembro de The Suicide Of Western Culture.

Imágenes en tonos fuertes que brillaban y se expandían como si tuviesen vida propia se adueñaron de nuestros ojos y los cargaron con giros inesperados, texturas poéticas y una gran dosis de protesta social y política, intercalando estas imágenes más planas con otras en las que se veían entre destellos epilépticos las cargas policiales del pasado 1 de octubre en Cataluña, o discursos de dictadores como Donald Trump y Kim Jong-un, además de Nicolae Ceausescu o Felipe VI boca abajo, más o menos como nos dejó a nosotros su show tras los casi 45 minutos que duró y en los que los paisajes post apocalípticos en clave IDM se fueron tiñendo de aristas de corte techno hasta terminar en un tono cercano al rave que hizo las delicias de los cientos de personas que ya poníamos color al Hall a esas horas del sábado.

Los responsables de la plataforma Fractal Fantasy, Sinjin Hawke & Zora Jones (que proximamente debutarán en el sello de Mike Paradinas con el ep Vicious Circles) rebentaron el Hall en la jornada del jueves con su directo en modo A/V Live.

50 minutos pintados en tonalidades futuristas con las que ambos productores mostraron una vez más que son los más aventajados de la clase, proponiendo un viaje en el que arte, música y visuales se fusionaban al estilo de como lo hacen en sus mentes: mirando al futuro del futuro.

Aprovechando al máximo las nuevas tecnologías (las pantallas recogían sus gestos con un sensor de movimiento creando distorsiones y variaciones de texturas en tiempo real) ambos productores dispararon potentes clips de audio en clave jersey club, grime, IDM, ballroom, dubstep y footwork entre los que pudimos escuchar algo de Adrian Richter, Souljs Boy, el “Worst” de DVA remixado por el propio Hawke o el “Dark Matter” de nuestra querida JLin y Zora Jones, con el que cerraron de forma espectacular.

Otro de los nuestros, el veterano artista catalán Undo demostró en el Village el porqué es uno de los artistas nacionales con un gusto más exquisito y en colaboración con Xavi Bové, artista visual especialista en mapping y creación digital, mostró (micro en mano) las creaciones de su nuevo lp titulado Disconnect, dando rienda suelta a ese universo tan particular que el productor catalán ha creado a lo largo de 20 años en el que no faltan las melodías progresivas, el house hedonista, el electro cálido o el deep techno palpitante. Con un Village medio lleno ya a esas horas, su show fue de lo mejor de la jornada inaugural de Sónar por su profundidad, su hipnotismo y su feeling.

Nada más quitarse la chaqueta James Murphy y empezar a escuchar el “Get Innocuous”, el SónarClub se viene abajo y LCD Soundsystem ya se convierten en los grandes ganadores de la noche del sábado.

Son las 22:00 y las miles de almas que llenan hasta la bandera este espacio de SónarNoche sucumben al magnetismo de la banda americana y al ímpetu hermoso del propio Murphy con su voz. Seguimos debajo de una gran bola de espejos, esa que nos ha guiado desde que comenzara la celebración del 25 Aniversario de Sónar y saltamos, nos abrazamos al que tenemos al lado sin conocerle, miramos al cielo, echamos mano de nuestras vitaminas y bailamos sin cesar “You Wanted a Hit”, “Dance Yrself Clean”, “Call the Police”, la melancólica (y mágica) “Someone Great” y así sin parar hasta el apoteósico final en el que todos cantamos en inglés o en espanglish el “All My Friends”.

La efervescente escena del nuevo jazz londinense es de lo mejor que se puede escuchar hoy en día en el mundo, y en Sónar estuvo bien representada por la alumna de la RBMA Emma-Jean Thackray, consumada trompetista y compositora formada en el Royal Welsh College of Music y en el Trinity Laban Conservatoire of Music and Dance. Con un ensemble de 4 músicos formado por ella misma a la trompeta, un batería, un teclista y un tubista, pudimos saborear las cualidades lisérgicas de su ep Walrus y el más reciente Ley Lines.

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Las 6 horas del legendario artista británico Dj Harvey en SónarCar fueron tal cual las esperábamos, al final hicimos 5 horas y media pero como decía algún amigo nuestro por allí, “podíamos quedarnos a vivir aquí con Harvey”.

Ya avisábamos en nuestro especial previo acerca de esta sesión de Dj Harvey, que al artista británico le encanta hacer sesiones maratonianas de por lo menos 6 horas, al estilo de sus fiestas Mercury Rising en Pikes Ibiza o Sarcastic Disco en Los Ángeles, pero si le gusta hacerlas es porque sabe hacerlas y en ningún momento necesita de un sobre esfuerzo para que la noche (el día o la tarde) funcione de principio a fin.

Primero porque el bagage musical que tiene es amplísimo, segundo porque sabe en todo momento por donde salir si el público no responde como él espera y tercero porque da al público aquello que necesita pero para ello gira y gira en un laberinto de estilos que resulta imposible adivinar hacia donde va a tirar en cada momento.

Esta fue la magia con que nos cautivó durante esas 6 horas debajo, una vez más de las bolas de espejos que nos cuidaron y guiaron en este Sonar 2018.

Comenzó su sesión con 2 tracks en clave ambient elástico para meterse de lleno en faena house y disco con bombos duros, claps diabólicos y alguna que otra voz de house diva, así durante una buena hora larga hasta que comenzó a bucear en esa caja de música que es su maleta y nos llevó de aquí para allá, de funk acidorro a baladas disco, de soulful house orgánico a folklore technoide, de space disco a balearic climático.

La tercera y cuarta horas fueron lo mejor que se ha escuchado en Sónar en muchos años, tirando de edits disco y botlegs imposibles de conocer que nos hacían echar las manos a la cabeza, sonreir sin parar y bailar como si acabásemos de perder la virginidad.

No captamos muchos tracks de los que sonaron, pero gracias a nuestros amigos de DJ Mag España podemos daros algunos de los títulos que sonaron esa noche: Tamiko Jones – Can’t Live Without Your Love, Spanish Hustle – The Fatback Band, Soft Rocks – Talking Jungle (Justin Vandervolgen Remix) o The Backwoods – Breakthrough.

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Como antesala de lo que fue el set de Harvey, pasamos varias horas soñando despiertos en ese reducto de baile, sensualidad y magia llamado DESPACIO y en el que los protagonistas fueron los hermanos Dewaele (2manydjs) y James Murphy, apoyados por el soundsystem formado por una serie de torres de altavoces y amplificadores McINTOSH de tres metros de altura cada una, dispuestas en círculo y con más de 50.000 vatios de potencia.

Disfrutar y meterse en el concepto DESPACIO durante 3 días -en un total de 10 o 12 horas- te sirve para imaginar que viajas al pasado, que te vistes con los pantalones estrechos, la camisa de cuello largo, las gafas circulares y te dejas llevar por lo que pase debajo de la bola de espejos de cualquier club neoyorkino de los años 80.

En DESPACIO (al igual que en 2014) el foco está en la pista de baile, llegar a ella es como un ritual por el que todo mortal tiene que pasar y que lo convierte en algo vital: hacer algo de cola al sol, subir una cuesta, ver la cara de los que salen extasiados de vivir la experiencia, llegar a la entrada, escuchar el sonido atronador, meterse en la pista circular, no ver nada durante 10 minutos y al final el climax.

Dentro todo es buen rollo y euforia, pero euforia con bastante medida, pues los hermanos Dewaele y James Murphy miden mucho el tempo de la sesión, regalando momentos de 15 o 20 minutos (funk, disco, synth pop y house) donde el baile, las caras de alegría y los bioritmos acelerados afloran, junto a otros 10 o 12 minutos de psicodelia o exploraciones macarras/casposas que por momentos transforman el recinto en un baile de graduación estilo USA o en un after rociado de LSD.

Mezclas correctas, sobre todo cuando se ponen a los platos los 2manydjs, y algo más justas con Murphy es lo que se sucede durante las 3 jornadas en las que seleccionaron discos de entre una colección de 1500 que tenían perfectamente colocados en la cabina.

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Desde la apertura el jueves con el “Music for 18 musicians” de Steve Reich hasta el cierre el sábado por la tarde, se suceden los giros y los viajes entre décadas, y así podimos captar joyas como “The Safety Dance” de Men Without Hats, “Angel dust” de Gil Scott-Heron y Brian Jackson, “Macao” de Waffles, “Get it up for love” de Ned Doheny, “Like an eagle” de Dennis Parker o el momento cañí de Jeanette – “Porque Te Vas (Alkalino rework)”.

Las sensaciones que tuvimos al disfrutar de la experiencia DESPACIO durante estos 3 días fueron similares (guardando las distancias) a lo que Danny Krivit, Joe Classell, David Morales o François Kevorkian relataban acerca de sus vivencias en The Paradise Garage: “una actitud, una filosofía, un modo de ver la vida. Un sitio donde la gente haga lo que le venga en gana sin perder el control, donde al DJ le importe de verdad la música y decida, cómo, qué y durante cuánto tiempo va a pinchar”.

“DESPACIO is happiness…os imagináis un DESPACIO con Dj Harvey??

[Nota: sabemos que el set de cierre de MCDE y Jeremy Underground fue de lo mejor del festival pero nuestras fuerzas ya no llegaron a esas horas del sábado después de más de 40 horas de festival en nuestras piernas]

También estuvieron a gran nivel Alex Silva presentando en formato band las creaciones de su nuevo trabajo “Mind Pattern Explorers”, en un directo junto al artista americano Greg St. Pierre en el que el ex-alumno de la RBMA nos sorprendió por sus miras hacia la pista de baile con tracks en clave pop electrónico; Octo Octa más dura de lo habitual presentando en SónarLab los tracks de su último álbum titulado “Where Are We Going?” y que fue el número 1 en la lista de los mejores discos del año pasado para nosotros, con una Maya Bouldry-Morrison sin dejar de bailar durante todo su show en el que sonaron entre otros el “Take Me to the Dark”, el “Through The Haze” o el “Fleeting Moments Of Freedom (Wooo)”; Gorillaz con un directo arrollador pero menos negroide de lo que nos hubiese gustado, demostrando que Damon Albarn está en plena forma, tocando junto a colaboradores de lujo como Pos & Dave (del trío de hip-hop De La Soul), Jamie Principle, Michelle Ndegwa o la enérgica Little Sim, con los que cantaron algunos de los tracks de su próximo disco como “Humilty”, “Tranz” o “Sorcererz” junto a himnos de la banda creada en 1998 por el cantante Damon Albarn y el ilustrador Jamie Hewlett en la que los protagonistas son los personajes virtuales 2-D, Murdoc Niccals, Noodle y Russel Hobbs; y Laurent Garnier cerrando el sábado la que ya es su zona dentro de SónarNoche, el SónarPub en una sesión de 4 horas 100% sonido Garnier, con ese techno que suena a house y ese house que suena a techno, siempre impregnado de melodías diabólicas y texturas arcaicas para bailar con los brazos arriba y dejarse llevar.

Sónar: las grandes decepciones

Ser el mejor festival del mundo, ese al que todos quieren acudir como público y en el que todos los artistas quieren actuar, supone una gran responsabilidad y en los últimos años, aun con cifras récords y demás, creemos que Sónar ha descuidado un poco la programación musical de algunos de sus espacios, como por ejemplo lo que sucede últimamente en el SónarVillage, en el cual se ha pasado de asistir a grande conciertos con nombres como Four Tet, Agoria, Bonobo, Floating Points, Little Dragon, Dels, Luomo, Lusine, Breakbot, Kalabrese, Junior Boys o Gold Panda a tener que soportar el sábado de Sónar en horario prime time de tarde a los suecos Jarami pinchando con una Traktor S2 en modo sync todos los hits de house de los 90 en versiones cutres con bombo y caja machacón.

Los últimos 3 o 4 años el Village se ha convertido en el lugar al que salir a refrescarse/tostarse con una música en clave regaetón/trap/grime cutresalchichero (repito cutresalchichero, respeto y mucho todos los estilos) que no aporta nada ni al Sónar en sí ni al público asistente.

Con la cantidad de propuestas nacionales de calidad que hay hoy en día se podrían reservar algunos de esos slots para promocionar a nuestros artistas.

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Otra de las decepciones fue el show de Pedro Vian (uno de los selectores y mezcladores más refinados de la escena catalana) bajo su nuevo aka Island In The Sun, anunciado en la web de Sónar como “Live” y que finalmente fue un despropósito de dj set.

Digo despropósito porque además de tener que lidiar con infinidad de problemas técnicos con las agujas de los platos que no dejaban de saltar (Sónar debería de cuidar también estos detalles), Pedro no tuvo para nada su mejor día ni con la selección musical ni en las mezclas, cortando continuamente el ritmo y corrigiendo a golpe de fader arriba/abajo.

Y por segundo año consecutivo la oferta gastronómica dentro del Área Pro con los Estrellas Michelín ha sido bastante decepcionante, en esta ocasión con Albert Adrià (con cuatro estrellas Michelin por Tickets, Enigma, Hoja Santa y Pakta), Fina Puigdevall (dos por Les Cols) e Hideki Matsuhisa (una por Koy Shunka).

No pretendemos poner en tela de juicio las creaciones culinarias de estos grandes concineros, pues nosotros mismos hemos disfrutado de su cocina en alguno de sus restaurantes y siempre hemos salido satisfechos, pero lo cierto es que los menús que Sónar pone a disposición de los artistas y profesionales dentro del Área PRO de Sónar Día distan mucho de convertirse en una experiencia propia de Estrellas Michelín, pues su contenido es casi irrisorio, su presentación muy escasa y su precio muy elevado.

Pagar 15€ por el llamado Fast Menú consistente el viernes en una cerveza negra y un minibocadillo (de esos que en Galicia te dan gratis con una clara) o el sábado 30€ por un Menú Normal con salmorejo japonés con salmón ahumado de primero, un pollo de granja a la parrilla con salsa kinako (cortado eran 4 trocitos pequeños de carne) y un purin (flan japonés) de soja y mango, es cuando menos excesivo bajo nuestro punto de vista, teniendo en cuenta que lo comes con cubiertos de madera, una bandeja estilo McDonalds y tú mismo tienes que recoger la mesa al terminar.

Tanto los Food Trucks de Sónar Día (Massala 73, La Porchetta, Fileteando,Corazón de Agave, Nomo, La Rodante, Kao y Rocambolesc) como los de Sónar Noche (Urban Food, Indifood, Laufer, La Moderna, Na Madrona, Kebab on wheels. Mandonga, Warike Project, Nómadas Pizza, OnRoad o Corazón Verde) son sin duda una opción mucho mejor, más variada y a unos precios mucho más asequibles.

Recordaros que la edición de 2019 del Sónar tendrá lugar los días 18, 19 y 20 de julio, un cambio de fechas que es debido a que en 2019 la Fira Gran Vía de L’Hospitalet de Llobregat (recinto del Sónar de Noche) estará ocupado por la feria ITMA de maquinaria textil del 20 al 26 de junio.

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